En honor a la verdad son dos cosas absolutamente diferentes.
Si una persona tiene problemas de tipo emocional fuertes, en los que requiere apoyo terapéutico, no le corresponde un “Mentor Emocional”, por lo menos en la fase de “Resolución del Problema”.
Posteriormente si decidiese incrementar sus capacidades en cuanto a “Gestión de sus Emociones”, ya sería otra cosa indudablemente.
Al punto donde queremos llegar es el siguiente…
A raíz de la salida a la palestra del best seller: “Inteligencia Emocional”. Muchas personas han tomado consciencia de la importancia de incrementar su “Coeficiente Emocional”.
De igual manera, muchos han “Decidido” aprender a “Gestionar sus Emociones Eficientemente”.
Es desde esta premisa en la que se busca a un “Mentor Emocional”.
Se trata de tomar consciencia de la importancia de las emociones y lograr el mejor resultado posible, y para estos fines, se necesita una figura con experiencia, que tenga y disponga de protocolos prácticos que puedan servir al “Mentorizado” (Asi se llama a quien recibe la Mentoría Emocional) a obtener experticia en el manejo emocional.
Esto es lo que se hace en la relación: Mentor Emocional-Mentorizado.
Se dispone de un tiempo que generalmente abarca varios encuentros, y en ese proceso, el mentorizado va aprendiendo y a su vez logra desarrollar recursos a modo de gestionar mejor sus emociones.
Realmente es un transcurso fascinante y una relación de adulto a adulto.
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